Archivo mensual: agosto 2011

A tu medida

Cuando era adolescente era bastante rellenita, tenía la cara llena de acné de todas las variedades, sobre moda sabía tanto como sobre filosofía rusa y los kilos de sobra me daban curvas donde no se supone que van. Demás está decir que encontrar ropa era todo un tema, que detestaba salir de compras porque significaba una frustración tras otra tras otra tras otra y que el día que escuchara decir a una vendedora “de tu talle no tengo” me iba a ir a las manos. Ni siquiera daba en la tecla con el corte de pelo. No era que tenía complejos; era un complejo en mí misma. En épocas en que todas las quinceañeras prácticamente competían para ver quién marcaba más huesos y a quién el jean o el guardapolvo les quedaba más suelto, mientras almorzaban un yogurcito de morondanga en la escuela, yo me bajaba con menos placer que culpa mi media docena de empanadas o el sandwich gigante de milanesa frita. No levantaba ni sospechas y el único chico que gustó de mí por más de un año (¡oh logro!) con el tiempo resultó ser gay (¡oh confusión!, menos mal que no me gustó porque lo vi venir). Al mismo tiempo éramos saturados con publicidades de modelos andróginas y esqueléticas que proyectaban menos sombra que un escarbadientes y posaban serias en las fotos o con cara de embole (calculo que por la falta de comida). Con ellas apareció también el boom de la anorexia y la bulimia, la palabra “curva” era mejor dejarla para las rutas y de repente el hambre, que era la desgracia de los pobres, se convirtió en moda. Y fueron varias las que cayeron en la redada.

Con el tiempo la cosa para mí fue cambiando, el acné se fue y la eterna pelea con el peine aflojó. Luego de un año en el exterior, donde engordé todavía más, conocí ya cerca de mis 20 a un tremendo bombón del cual todas andaban detrás. Y el bombón se fijó en mí. Durante el tiempo que estuvimos juntos, poco más de un año, me enseñó a aceptarme sin saberlo. Me quiso como era, y me mostró que mi cuerpo era lindo por ser mío y contenerme a mí y que no importaba nada más. En esa época, a costa de bastante sacrificio y mucha más voluntad, comencé muy de a poco a bajar de peso hasta deshacerme de los 12 kilos de más que flotaban sobre mi persona. Chau flotadores, chau supuesta estructura ósea grande a la que siempre le echaba la culpa: nunca era la media fuente de pastafrola de dulce de batata que me bajaba a escondidas a la siesta, o los dos platos hondos llenos de fideos, o las golosinas que contrabandeaba la abuela todos los días más todas las que me comía por recreo (le doy un premio al que nombre una golosina que no haya probado). Pero también chau curvas, equivocadas o no. Y cuando finalmente llegué a ser talle S, comenzó el bombardeo permanente de publicidades de mujeres exuberantes y cubiertas por jirones de tela cada vez más diminutos que difícilmente se puedan llamar ropa. Y no sólo publicidades, sino también programas de televisión, revistas para hombres y mujeres, de chimentos, de publicaciones más bien “serias”, volantes, pegatinas, internet, etcétera. Lo único que zafa hasta ahora es la radio y sólo porque no se puede ver, hasta que descubran cómo mandarte la mina semidesnuda (o ya desnuda directamente) por frecuencia. Aparecieron las “Niní”: ni bailarinas, ni cantantes, ni actrices, ni conductoras, simplemente exhibicionistas de lo que natura o el quirófano generosamente les dio, aprovechando el trampolín a la fama en que se convirtió cierto conductor nocturno bastante baboso y con dificultades para pronunciar las “L”. La tele se llenó de lolas y colas perfectamente redondas y sin sombra de celulitis. Y el circo se transformó en culto de masas. Y ahí muchas volvieron a caer en la redada. Y ahí dije basta. Una cosa es que hoy, a mis casi 25 años, lo pueda mirar desde otro lugar y me resbalen las imposiciones en la autoestima,  y otra muy distinta el hecho de que todavía están las “nosotras” de aquella época, en mayor cantidad y aún más confundidas: nenas de 13, 14, 15 años que sufren por no poder encajar y recurren a métodos cada vez más extremos con tal de lograr aceptación; desde la ingesta de una hoja de lechuga al día hasta el sexting, las fotos en poses seductoras en Facebook, sms, y cuanto medio tengan a su alcance. Con más presiones e insatisfacciones y poca idea de todo el potencial que tienen para ofrecer, aturdidas en una sociedad que aparentemente sólo premia a la gente por el solo hecho de sacarse la ropa y mostrar sus partes. No es de extrañarse que no sepan qué hacer. Y la culpa es nuestra por consumir todo eso. Y me da mucha pena.

Fito, aunque a todas luces derrapó feo en declaraciones recientes, tuvo razón en esto: es sólo una cuestión de actitud. He visto a mujeres hermosas desvalorizarse, y mujeres no tan agraciadas hacer magia. En el día a día, en la interacción con el otro, no hay maquillaje que tape una expresión agria ni Photoshop que borre la inseguridad. Es cuestión de tener una mirada más benevolente sobre nosotras mismas, de aprender a disfrutarnos, valorarnos, a despegarnos de la mirada del otro y del culto a la belleza a cualquier precio.

Y vos, ¿viviste situaciones parecidas?

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Rutas argentinas (I)

Este fin de semana viajé a San Luis. Parte mi familia vive allí y habían organizado una fiesta familiar multitudinaria. Como somos una familia bastante grande y muy unida, es siempre un placer reencontrarnos. Con mis primos nos queremos como hermanos; a pesar de que vivimos en provincias diferentes tratamos de mantener contacto lo más seguido posible y mantenernos al día con todo lo que nos va pasando. Cada vez que asoma reunión en el horizonte todos sin excepción nos preparamos para viajar, y siempre resulta tremendamente divertido.

A pesar de haber viajado a San Luis en muchas ocasiones, siempre me llama particularmente la atención la belleza de los paisajes. Desde la ruta misma el contraste entre el paisaje sanjuanino y el sanluiseño deviene evidente: del desierto agobiante de mi provincia, al cruzar el límite provincial, comienza a verdear cada vez más. De repente una sierra, y otra, y otra y bastante cubierto de verde. Tan distinto a San Juan con sus montañas altísimas, secas y duras, como talladas a cincel, con algunas plantas autóctonas cada tanto, tan salpicadas en la superficie estéril que las montañas de lejos no se ven nunca verdes, sino azules, blancas o violetas. Totalmente diferente, pero igual de bello e imponente.

Recorrer las rutas de esa provincia es también un placer. Si bien la señalización a veces resulta quizás un poco insuficiente (dado que nos perdemos casi sistemáticamente a pesar de conocer bastante bien), el estado de las mismas es excelente. El camino al Trapiche, por ejemplo, está enclavado en gran parte en la sierra, de modo tal que se va bordeando todo, ofreciendo una perspectiva bellísima.

Entre los puntos turísticos más concurridos se encuentran: la réplica del Cabildo Histórico y de la Pirámide de Mayo en la ciudad de La Punta, recientemente fundada (llama poderosamente la atención el hecho de que lo construyeran literalmente en el medio de la nada); el Centro de Producción de Cine y Televisión de La Punta; el Trapiche; Potrero de los Funes, Merlo, etc.

En fin, quería contarles nada más un poco de lo que pude ver. En otro orden de cosas, apenas llegué del viaje salí para ver el recital de No Te Va Gustar. Son buenísimos tocando en vivo, si todavía no los han escuchado les recomiendo que vayan. Le ponen mucha onda y realmente suenan muy bien.

¡Buen comienzo de semana para todos!


Y el ganador es….

CACARULA!!!! La encontró! La imagen era ésta:

 

Y les dejo este tema, dado que vienen el domingo para acá y los voy a ir a escuchar:

 

¿A alguien más le gusta? Buen finde a tod@s!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Ojo por ojo

 

Hoy les propongo un juego. Como se que varios por ahí son muy buenos investigando, los invito a que encuentren la foto de mi ojito. Cuando descubran el link lo ponen en el comentario, el primero que postea gana. No se qué todavía, pero gana. Listos, en sus marcas….¡ya!


Piropos, y algo más

Lejos estamos de las épocas donde un caballero, al ver pasar a una hermosa señora o señorita, levantaba su sombrero y murmuraba alguna galantería por lo bajo. Y la dama en cuestión se ruborizaba, giraba la cabeza levemente hacia un costado con coquetería para disimular la semi sonrisa que se le  dibujaba en el rostro. En el fondo, agradecida. Los piropos de otras épocas eran eso: galanterías. Hoy, ¿cómo los llamaríamos?

La Nación publicó hoy una noticia sobre “Piropos NacYPop” (es decir con sello Made in Argentina post K), desde que el hash se convirtiera en trending topic en Twitter luego de la emisión de anoche de Duro de Domar (no lo vi, aclaro, sólo lo leí hoy). Dicen que unos cuantos entusiastas se prendieron y aportaron los suyos. Entre los foristas de LN, aparecieron varias combinaciones referidas la situación sociopolítica y económica del país, a políticos, sus familiares, secuaces y otras hierbas. Algunos tiernos, graciosos y/ dulces (los menos), otros con un guiño muy argento, y otros tantos irreproducibles. Algunos ejemplos: “Entretener” a la muchacha “hasta que la inflación sea de un dígito, hasta que Grondona renuncie, hasta que Formosa organice los Juegos Olímpicos de Invierno, hasta que el Ogro Fabbiani baje 11 kilos”, “Estás más fuerte que la casa del 3° chanchito”, etc.

Yo sigo sin entender qué esperan ciertos hombres de las mujeres cuando exclaman ciertas cosas. Una cosa es decir “Se te cayó el papel que te envuelve, bombón” o todas las combinaciones con “ángel caído del cielo” posibles, y otra muy distinta gritarle desaforadamente a una pobre chica que va caminando tranquilamente por la vereda situaciones referidas a miembros, partes femeninas, posiciones del Kamasutra y demás fantasías producidas por la imaginación desbocada del hombre, de dudosísimo gusto (y demostración de escasa salud mental). Hasta ahora, jamás vi que una mujer se diera vuelta y corriera detrás del sujeto pidiéndole por favor que se baje de la bici, moto, auto, etc. para darle su número de teléfono, celular o Facebook. Más bien al contrario, de vez en cuando seguramente alguna debió dar un salto olímpico mientras cruzaba la calle para alcanzar la vereda y así zafarse de una mano ajena a punto de aterrizar sobre su trasero. La solución al problema, para aquellas a quienes la demostración verborrágica de “admiración” incomode: auriculares con música al palo. De esta manera sólo sentirán los ojos clavados en cuanta curva tengan y los “piropos” permanecerán en “mute”. Pareciera que por el momento otra no queda, chicas.


Serás lo que debas ser…

sino, serás abogado. Eso me dijo una vez un amigo de mi papá. Tan errado no debe haber estado porque de hecho la frase se me quedó grabada a fuego. No se si existe la “vocación” de abogado. En mi caso, la elección de carrera la hice siguiendo al amigo Descartes: soy un cero en Matemática, nunca aprendí siquiera a dividir por dos cifras si no era multiplicando hasta llegar a un aproximado (bendito invento, la calculadora), con lo cual quedaban descartadas automáticamente todas las Ingenierías, Arquitectura, Física, Contabilidad, Economía, Informática, etc.; no me podía imaginar a mí misma dando clases sin gritarle desaforadamente a un grupo de pendejos insoportables que iban a la escuela sólo a tener recreo (es decir, mi grupo de amigos y yo en esa época), o sea que los Profesorados, ninguno; Medicina se me hacía eterna y el sólo hecho de pensar en tripas me revolvía el estómago. Arte y Diseño Gráfico o Industrial eran una opción, pero para gente que tuviera creatividad. Cuestión que terminé el secundario, luego de un año de intercambio en el exterior en el que supuestamente debía analizar qué quería hacer con mi vida y que de hecho terminó sirviendo para cualquier otra cosa menos eso, ya que volví y me encontré en el mismo punto de partida que antes: a fojas cero. Finalmente, el último día de inscripciones, aparecí en la Facultad de Derecho, llené el formulario de inscripción y lo presenté sin haber pedido siquiera el Plan de Estudios de la carrera. Empecé el cursillo sin tener la menor idea de las materias que iba a tener que estudiar. ¡Pensar que lo que uno elige a los 18 años, 19 en mi caso, con medio dedo de frente y una inconsciencia casi tierna, por no decir bien idiota, nos va a acompañar el resto de la vida! Menos mal que de todas maneras siempre tenemos oportunidades para cambiar de rumbo, elegir otra cosa, dar un giro de 180° y ver de nuevo dónde caemos parados. Anne me escribió el otro día que a veces querría ser Hare Krishna. Confieso que con mis compañeros de la facultad más de una vez nos planteamos tirar los libros al canal que pasa por adelante de la facu, hacernos hippies y vivir en la playa vendiendo aros y pulseritas artesanales. Demás está decir que todos seguimos estudiando.


Buendía…Aureliana

Ayer me quedé investigando las propiedades del blog. Me llevó un tiempito (un poco largo tal vez) interiorizarme de algunas de las posibilidades que tiene esto. Digo algunas, porque todavía hay un montón de íconos en los que no he ingresado siquiera. Adiós sueño de ser hacker! Confieso que en otra vida me habría gustado serlo. No para andar haciendo vandalismo cibernético (las violaciones a la privacidad ajena no son para nada lo mío), sino por el solo hecho de entender cómo funciona todo esto, de decir ¡yo puedo!, de internalizar que el aparato no se agota en el word ni en el excel. Confieso que día por medio envidio a Mark Zuckerberg, fundador y creador de Facebook. ¡Y pensar que el chico tiene sólo un par de años más que yo!

Aunque sea pude cambiar el tema de fondo. Estuve revisando ayer (luego de un par de horas de investigar sobre cómo llegar a eso) y me gustó este porque lo vi simple, despojado y tranqui, y me pareció definitivamente mejor que el de las bananas. Creería que éste es the one.

En otro orden de cosas, les cuento un poco más de mí. El nombre Aureliana surgió por “Cien años de soledad”, libro que debo haber leído unas 3 veces a pesar de lo largo (sí, me gustó mucho), donde durante siete generaciones se repiten los nombres José Arcadio y Aureliano Buendía. Lo elegí a modo de homenaje, por decirlo de alguna manera, y aunque no se lo pondría a ninguna futura hija reconozco que cada día me va gustando más. Si bien el nombre es ficticio todo lo demás es y será real. No le encuentro el sentido si no. Si quisiera hacer ficción supongo que me sentaría a tratar de escribir cuentos, pero no es el propósito de esto.

Quería decirles que me alegra mucho que nos estemos reencontrando por acá. Ayer estuve leyendo un poco sus blogs y la verdad que están muy buenos. Me hicieron sentir muy acompañada en mi primer día acá, me dieron la bienvenida y consejos. ¡Me encantó! Les dejo un tema que me dedicaron ayer, y me gusta muchísimo:

¡Buen finde largo a tod@s!


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