A tu medida

Cuando era adolescente era bastante rellenita, tenía la cara llena de acné de todas las variedades, sobre moda sabía tanto como sobre filosofía rusa y los kilos de sobra me daban curvas donde no se supone que van. Demás está decir que encontrar ropa era todo un tema, que detestaba salir de compras porque significaba una frustración tras otra tras otra tras otra y que el día que escuchara decir a una vendedora “de tu talle no tengo” me iba a ir a las manos. Ni siquiera daba en la tecla con el corte de pelo. No era que tenía complejos; era un complejo en mí misma. En épocas en que todas las quinceañeras prácticamente competían para ver quién marcaba más huesos y a quién el jean o el guardapolvo les quedaba más suelto, mientras almorzaban un yogurcito de morondanga en la escuela, yo me bajaba con menos placer que culpa mi media docena de empanadas o el sandwich gigante de milanesa frita. No levantaba ni sospechas y el único chico que gustó de mí por más de un año (¡oh logro!) con el tiempo resultó ser gay (¡oh confusión!, menos mal que no me gustó porque lo vi venir). Al mismo tiempo éramos saturados con publicidades de modelos andróginas y esqueléticas que proyectaban menos sombra que un escarbadientes y posaban serias en las fotos o con cara de embole (calculo que por la falta de comida). Con ellas apareció también el boom de la anorexia y la bulimia, la palabra “curva” era mejor dejarla para las rutas y de repente el hambre, que era la desgracia de los pobres, se convirtió en moda. Y fueron varias las que cayeron en la redada.

Con el tiempo la cosa para mí fue cambiando, el acné se fue y la eterna pelea con el peine aflojó. Luego de un año en el exterior, donde engordé todavía más, conocí ya cerca de mis 20 a un tremendo bombón del cual todas andaban detrás. Y el bombón se fijó en mí. Durante el tiempo que estuvimos juntos, poco más de un año, me enseñó a aceptarme sin saberlo. Me quiso como era, y me mostró que mi cuerpo era lindo por ser mío y contenerme a mí y que no importaba nada más. En esa época, a costa de bastante sacrificio y mucha más voluntad, comencé muy de a poco a bajar de peso hasta deshacerme de los 12 kilos de más que flotaban sobre mi persona. Chau flotadores, chau supuesta estructura ósea grande a la que siempre le echaba la culpa: nunca era la media fuente de pastafrola de dulce de batata que me bajaba a escondidas a la siesta, o los dos platos hondos llenos de fideos, o las golosinas que contrabandeaba la abuela todos los días más todas las que me comía por recreo (le doy un premio al que nombre una golosina que no haya probado). Pero también chau curvas, equivocadas o no. Y cuando finalmente llegué a ser talle S, comenzó el bombardeo permanente de publicidades de mujeres exuberantes y cubiertas por jirones de tela cada vez más diminutos que difícilmente se puedan llamar ropa. Y no sólo publicidades, sino también programas de televisión, revistas para hombres y mujeres, de chimentos, de publicaciones más bien “serias”, volantes, pegatinas, internet, etcétera. Lo único que zafa hasta ahora es la radio y sólo porque no se puede ver, hasta que descubran cómo mandarte la mina semidesnuda (o ya desnuda directamente) por frecuencia. Aparecieron las “Niní”: ni bailarinas, ni cantantes, ni actrices, ni conductoras, simplemente exhibicionistas de lo que natura o el quirófano generosamente les dio, aprovechando el trampolín a la fama en que se convirtió cierto conductor nocturno bastante baboso y con dificultades para pronunciar las “L”. La tele se llenó de lolas y colas perfectamente redondas y sin sombra de celulitis. Y el circo se transformó en culto de masas. Y ahí muchas volvieron a caer en la redada. Y ahí dije basta. Una cosa es que hoy, a mis casi 25 años, lo pueda mirar desde otro lugar y me resbalen las imposiciones en la autoestima,  y otra muy distinta el hecho de que todavía están las “nosotras” de aquella época, en mayor cantidad y aún más confundidas: nenas de 13, 14, 15 años que sufren por no poder encajar y recurren a métodos cada vez más extremos con tal de lograr aceptación; desde la ingesta de una hoja de lechuga al día hasta el sexting, las fotos en poses seductoras en Facebook, sms, y cuanto medio tengan a su alcance. Con más presiones e insatisfacciones y poca idea de todo el potencial que tienen para ofrecer, aturdidas en una sociedad que aparentemente sólo premia a la gente por el solo hecho de sacarse la ropa y mostrar sus partes. No es de extrañarse que no sepan qué hacer. Y la culpa es nuestra por consumir todo eso. Y me da mucha pena.

Fito, aunque a todas luces derrapó feo en declaraciones recientes, tuvo razón en esto: es sólo una cuestión de actitud. He visto a mujeres hermosas desvalorizarse, y mujeres no tan agraciadas hacer magia. En el día a día, en la interacción con el otro, no hay maquillaje que tape una expresión agria ni Photoshop que borre la inseguridad. Es cuestión de tener una mirada más benevolente sobre nosotras mismas, de aprender a disfrutarnos, valorarnos, a despegarnos de la mirada del otro y del culto a la belleza a cualquier precio.

Y vos, ¿viviste situaciones parecidas?

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Acerca de aureliana001

Mujer, 25 años, y una dispersión galopante que desemboca en una variedad de hobbys bastante particular. De profesión estudiante (largamente aburrida) de finales pendientes ad eternum de Derecho. Ver todas las entradas de aureliana001

18 responses to “A tu medida

  • Ana

    Muy buen post! me encantó sobre todo el último párrafo! muy cierto todo. Besos

  • Anne Boleyn

    Aure, no te metas con Fito que lo banco a muerte jajaja…Hablando en serio, qué bueno todo lo que contas y cómo lo contas! Hay tantas chicas y mujeres que terminan muriéndose o generándose daños irreversibles por querer alcanzar “el ideal de belleza”, un ideal que es producto de photoshop, dietas extremas, cirugias y botox. En mi caso, el peso nunca fue un problema aunque podría haberlo sido porque mi papá es más bien gordito y con afán de que no sea como él, cosa que se demostró con los años que es imposible porque ganar peso me cuesta más que perderlo, me repetia constantemente que me cuide con las comidas. Lo mejor es aceptarse y cuidarse para no tener enfermedades como diabetes, anemia, etc. La belleza exterior siempre es un reflejo de cómo estemos por dentro. Besotes, reina!!!

    • aureliana001

      Gracias Anne!! Es muy cierto eso que decís que lo externo es reflejo del interior. Bernárdez dijo que “lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado”. Es tan fuerte eso que trato de tenerlo siempre presente. Besotes!! =)

  • Crai

    Muy bueno tu post. A mí me jodieron mucho, mis hermanas y mi vieja, con la gordura en la adolescencia (aunque yo la pasaba bomba, muejeje). Como anécdota, te cuento que un día me acompañó mi viejo a comprar un jean. Talle 42, nada del otro mundo, pero la chirusa que atendía dijo TAN GRANDE NO TENGO. Mi papá le armó un escándalo tremendo, pidió que llamaran al gerente, le dijo de todo a él y a ella, y terminó con un metete tu pantalón en el culo, porque al final tenían de mi talle, y me lo querían regalar. Pocas veces me sentí tan defendida. Y no sé si peco de inconsciente, pero a mí siempre me gustó mi cuerpo. Las piernas un poco más largas, y no me enojo, pero siempre me gustó.

    • aureliana001

      Gracias Crai! No creo para nada que peques de inconsciente por gustarte tu cuerpo. Al contrario, es la idea. Nacimos así y no hay nada mejor que sentirse a gusto con el envase. Ahora quedé flaca, al final me terminó cambiando el metabolismo, pero estoy lejos del “ideal” mediático, y hace ya rato que decidí disfrutarme y olvidarme de las imposiciones del afuera. Después de todo, quiénes son los demás para exigirme un tipo de figura determinado? Me parece cruel…

      • aureliana001

        Ah! Me olvidaba: un bajón que hayas tenido que pasar por eso del pantalón. Es un talle sumamente normal. A mí me pasó que fui a comprar un saquito de vestir hace poco y entré a un local a probarme, el que me quería vender la mujer a toda costa me quedaba mal de espalda. La sra. me dijo que el tema era que mi espalda era ancha: en vez de echarle la culpa a la mala confección del saquito me la echó a mí (y si vieras mi tamaño, te reís jaja). Bien por tu papá, un ídolo!!

    • Ana

      Que divino tu papá crai! a pesar del mal rato un groso el viejo! me encantó la actitud. Un beso!

  • Ricky Criticon

    Hola, srta. Aure! No vengo a criticar. Vengo en son de paz. Le cuento que una amiga de mi sra era bastante gordita. Hace unos años se sometió a una lipo no se cuanto y le salió mal y ahora tiene más problemas que antes. La verdad es que el modelo ideal de belleza lo compran más las mujeres que nosotros. A mi me gusta mi sra flaca, más gordita, con o sin celulitis. Me gusta ella. Un saludo!

    • aureliana001

      Hola Ricky! Qué lindo verlo por acá! Esas cosas suelen pasar, pobre la amiga de su señora, que bajón que le pasara eso. Y su sra. tiene mucha suerte de tenerlo a ud. que se nota que la quiere bien! Un beso!

  • yesi(aymidios)

    me encanto,me senti muy identificada.yo mido 1.70 y a los 16 años llegue al tope de los 82kg y mi papa era el unico q me decia gordita cuidate.me di cuenta q no podia seguir asi,no x estetica sino por salud,no podia caminar 10 cuadras sin agitarme.en 2 años con una dieta de porcion reducida y seis comidas por dia(no pase hambre)y 8km de caminata por dia baje los 20 kilos d mas.hoy lo unico q me qdo de curva es el busto, pero ya viene de herencia ja.el modelo de moda lo unico q hace es converitr a nenas en feme fatale es horroroso.

    • aureliana001

      Hola Yesi, bienvenida! Me alegro que te haya gustado! Son cosas que nos pasan a la mayoría. Por más que por ahí logramos superar el tema, me sigo solidarizando con aquellas mujeres que sienten la presión, es tan injusto! Y tiene razón Ricky, el modelo lo compramos más nosotras que ellos. Un beso!

  • scroccone

    Me gustó mucho tu post, Aureliana. No creo que sea un problema exclusivamente femenino, ni que sólo se trate de modas estéticas. El discurso que nos rodea – en la Argentina como en otras partes del mundo – es un discurso imperativo y dice: ¡sé perfecto! ¡sé rico! ¡sé feliz!
    Quienes producen las imágenes que acompañan ese discurso dirán que son imágenes nada más, que a una persona sana no le hacen nada pero son los mismos que gastan fortunas en una propaganda de 10 segundos convencidos que te hará comprar una coca cola…

    • aureliana001

      Gracias scroccone, bienvenido! Tenés toda la razón con lo que decís…ni hablar de cuando ya no se trata de comprar una coca si no un par de siliconas…

  • Maria Mirta Lepetit

    Yo te diría que más de actitud, es cuestión de salud. Siempre lo mejor es el punto médio. Facil de decir, pero dificil de alcanzar. Por lo menos para mí.

  • laturquita

    jajajjajajajaja me rei, tanto, y la verdad, me identifico con las curvas, aunque parezca un violonchelo!! jajajaj es cierto, tengo una amiga, que siempre me dice, q soy hermosa, buena mina, y la verdad a veces me cuesta ver, lo q los demas ven en mí…
    Es complicado, pero sabes que, ahora, que tengo nose cuantos kilos demas, jaja no me importa, soy asi, y listo.
    Aunque repito, ninguno de los extremos es bueno, en este momento, donde la sociedad, es tan frívola, lo unico que queda, es poder dar un buen mensaje, a los que todavia estan sanos, y repetir y tratar de colaborar con las nuevas generaciones.

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