Historias inesperadas (III)

 

Lukas vertió el vino en su copa. El líquido rojo adquirió una coloración aún más oscura en la penumbra de la habitación. Ana María, en un juguetón amague, tapó su copa con la mano y levantó la vista, desafiante, hasta encontrarse con la suya. Lukas sonrió e insistió en servirle aunque fuere hasta la mitad. Ella finalmente cedió, riendo despreocupada: el efecto del alcohol se extendía ya cálidamente por todo su cuerpo, relajándola, derribando lenta y solapadamente sus barreras.

Lukas se dirigió al sillón, indicándole que lo siguiera. Tomó un libro de una estantería y se sentó al lado de ella. Abrió el libro. Era una compilación de fotografías de Múnich, en blanco y negro, antes de que fuera destruida por la guerra. Ana María quedó fascinada. La ciudad se percibía tan antigua que jamás habría imaginado que había sido reconstruida lo más fielmente posible a su original luego de haber quedado reducida a escombros y sombra por los bombardeos. Lukas, cuya familia había vivido durante generaciones enteras en la ciudad, le contó su historia. Ella lo escuchó atenta, cautivada por el relato, mientras deslizaba suavemente un dedo por el borde de la copa, dibujando la circunferencia distraídamente. Le preguntó si el libro le interesaba, a lo que Ana se apresuró a responder afirmativamente. Le dijo que era suyo si lo quería. Ella le agradeció con entusiasmo. Lukas rió, se inclinó levemente y de improviso la besó. Ana se estremeció al contacto con sus labios, sintiendo cómo su pulso se aceleraba y la sangre pujaba feroz hacia su cara, quemando todo a su paso, ardiéndole en las mejillas, sonrojándola de inmediato. Tímidamente atinó a devolverle el beso apenas superada su sorpresa. Lukas le corrió un mechón de pelo que caía desordenado por su cara, y la acarició dulcemente. Las pupilas febriles de Ana le sostuvieron la mirada hasta que Lukas nuevamente comenzó a besarla.

De repente Ana miró el reloj. Se sobresaltó. Eran las cinco de la mañana, y hacía ya rato que debía haber regresado a casa. La noche había durado lo que un suspiro. Se abrigaron y salieron apresuradamente. Llegaron justo a tiempo a la parada de colectivos. Lukas la tomó suavemente del brazo y la besó de nuevo, encerrándola en un abrazo. Ana subió y marcó su ticket sin mirar hacia atrás.

Lukas se quedó parado, inmóvil, hasta que el el colectivo se perdió de vista en la niebla. Caminó de vuelta a su casa, confundido, ensimismado. El corazón le latía todavía fuerte adentro del pecho. Es muy joven todavía, cavilaba. Sabía que ella sólo le quedaban algunos meses más allí, y después se abriría todo un océano de distancia entre los dos. Llegó a su casa, se tiró en la cama y miró largo rato hacia el techo. Finalmente se quedó dormido.

Ana se despertó aturdida. Había llegado a destino. Atontada, trastabilló y descendió torpemente. Caminó las pocas cuadras que la separaban de casa. El viento helado golpeó su rostro, espabilándola. Sintió sus extremidades entumecerse, y al bajar la vista descubrió que su tapado negro estaba cubierto de blanco. Era la primera nevada del año. Observó distraídamente los copos bailar en su caída, indefensos ante los caprichosos vaivenes del aire. Recordó haber leído alguna vez que no había dos copos iguales, aunque no estaba del todo segura. Claramente no tenía intención alguna de pararse a comparar mientras sus pies se aterían. Apuró el paso, entró sigilosamente por la cocina y se acercó a la estufa. Subió las escaleras procurando no hacer ruido con el crujir de la madera, asentando levemente la punta de los pies en el borde de cada escalón, mientras contenía la respiración. No quería tener que dar explicaciones ni hablar con nadie a esa hora, sobre todo desde que, estaba segura, aún debía oler ligeramente a vino. Se desplomó en su cama, mientras la noche entera danzaba en su cabeza desordenadamente, en una sucesión de imágenes borrosas y superpuestas. Una sonrisa se dibujó en su rostro, y en ese preciso momento comprendió que lo último que necesitaba en esa etapa de su vida era involucrarse con alguien.

Sus ojos se cerraron lentamente y cayó en un sueño profundo y sin recuerdos.

(to be continued…)

Anuncios

Acerca de aureliana001

Mujer, 25 años, y una dispersión galopante que desemboca en una variedad de hobbys bastante particular. De profesión estudiante (largamente aburrida) de finales pendientes ad eternum de Derecho. Ver todas las entradas de aureliana001

12 responses to “Historias inesperadas (III)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: